La industria de San Juan opera con cerca del 50% de su capacidad ociosa, por encima del promedio nacional estimado en 40%. La caída de la demanda, los costos energéticos, la apertura importadora y la falta de crédito conforman un escenario que golpea especialmente al calzado, los textiles y la metalmecánica.
Leonardo de la Vega y Hugo Goransky, autoridades de la Unión Industrial de San Juan, señalaron a Diario de Cuyo que varias empresas trabajan con márgenes negativos para sostener personal calificado. Entre las respuestas aparecen suspensiones de líneas, adelanto de vacaciones, endeudamiento y búsqueda de nuevos mercados.
El cuadro local tiene un contraste incómodo: mientras la minería promete inversiones de gran escala, parte de la red fabril todavía no recibe esa demanda. Los industriales reclaman que los beneficios del RIGI se traduzcan en compras nacionales y cadenas de proveedores locales, en lugar de consolidar proyectos desconectados del entramado productivo provincial.
Los indicadores nacionales tampoco muestran una recuperación firme. Las mediciones privadas de junio alternan pequeñas subas y caídas, pero coinciden en un nivel bajo de actividad. Sin políticas que combinen competitividad, financiamiento y mercado interno, sostener fábricas abiertas seguirá dependiendo del esfuerzo financiero de cada empresa.