La mina Escondida, en la región chilena de Antofagasta, produce cerca del 5% del cobre mundial y ofrece una referencia concreta para los proyectos que San Juan busca desarrollar. El complejo generó 1,26 millones de toneladas de metal en su último año fiscal y prevé invertir otros 10.000 millones de dólares.
Una recorrida de Cuyo Minero describió una operación integrada desde la cordillera hasta el puerto, con generación energética, alojamiento para más de 10.000 trabajadores y un rajo de 3,5 por 2 kilómetros que supera los 900 metros de profundidad. La segunda productora global obtuvo alrededor de 30% menos cobre.
La comparación con Vicuña y otros proyectos argentinos no implica que San Juan vaya a reproducir esa escala, pero sí anticipa necesidades de infraestructura, energía, agua, logística y capacitación. También obliga a discutir cómo se distribuirán empleo, compras locales, regalías y riesgos ambientales.
Escondida demuestra que el cobre puede sostener décadas de producción, pero una gran inversión no garantiza por sí sola desarrollo territorial. El aprendizaje útil para San Juan será construir controles públicos, proveedores y acuerdos sociales antes de que la operación alcance su etapa de máxima expansión.