El acuerdo automotor entre Argentina y México venció el 18 de marzo sin renovación y los stocks acumulados por las terminales empiezan a agotarse. El comercio continúa, pero los vehículos vuelven a pagar un arancel del 35%, un costo que las marcas no pueden trasladar por completo sin perder competitividad.
La falta de unidades ya golpea a modelos importantes. Según datos reunidos por Infobae, el Volkswagen Taos cayó 45% entre su mejor mes y julio, la Ford Maverick 73% y la Nissan Frontier 77%. El Nissan Versa retrocedió 70% desde su pico, mientras otros modelos resisten gracias a inventarios previos o menor volumen.
Los planes de ahorro agravan la restricción porque obligan a entregar vehículos adjudicados en dos meses y reservan una parte del stock para esos compromisos. Algunas terminales ya importaron lotes pequeños pagando el arancel para cumplir contratos, pero advierten que no pueden sostener esa operación a gran escala.
La demora bilateral no es una discusión abstracta de comercio exterior: reduce oferta, posterga entregas y modifica precios y participación de mercado. Argentina y México necesitan transparentar el estado de la negociación; sin un plazo, consumidores y concesionarios absorben la incertidumbre mientras las marcas administran una escasez creada por la política arancelaria.