El uso cotidiano de celulares, tablets y videojuegos preocupa a especialistas sanjuaninos cuando deja de ser una herramienta y empieza a desplazar experiencias necesarias para el desarrollo infantil.
En una consulta de Diario de Cuyo, un pediatra, una psicóloga, una docente de nivel inicial y una madre coincidieron en que no importa sólo el tiempo de exposición: también pesan la velocidad de los contenidos, la edad, el acompañamiento adulto y lo que el niño deja de hacer.
Los profesionales describieron más ansiedad, menor tolerancia al aburrimiento y dificultades para sostener el juego. Usar el teléfono como respuesta automática al llanto puede calmar de inmediato, pero reduce oportunidades para atravesar frustraciones, imaginar y construir recursos propios.
La discusión no debería convertirse en prohibiciones imposibles ni trasladar toda la responsabilidad a las familias. Escuelas, servicios de salud y plataformas necesitan pautas claras, mientras los adultos pueden recuperar momentos sin pantalla, sueño protegido, juego físico y conversación compartida.