La Casa Rosada detectó que la carrera hacia 2027 empezó a alterar sus acuerdos en el Congreso. Después de una serie de votaciones en Diputados, el oficialismo admite que los intereses provinciales y electorales pesan cada vez más sobre aliados que hasta ahora acompañaban buena parte de la agenda del Ejecutivo.
Según informó Infobae, el Gobierno leyó como una primera alarma los 133 votos que habilitaron el debate de temas impulsados por la oposición, entre ellos la emergencia en discapacidad y el endeudamiento familiar. Aunque La Libertad Avanza sostiene que ese número no garantiza quórum para una sesión, el episodio mostró que la oposición puede instalar asuntos sensibles con ayuda de bloques dialoguistas.
El problema también alcanza al Senado. El oficialismo conserva una base de apoyos entre radicales, el PRO y fuerzas provinciales, pero la competencia por las gobernaciones amenaza con volver más costosa cada negociación. En paralelo, el Gobierno retomó conversaciones con el PRO en 17 distritos y prepara una reforma electoral que todavía no reúne consenso suficiente.
La apuesta oficial es que una mejora económica llegue a los bolsillos antes de que el calendario electoral erosione sus mayorías. Esa estrategia encierra una tensión: cuanto más se demore la recuperación, mayor será el incentivo de gobernadores y legisladores para tomar distancia y priorizar sus propios territorios.