La inflación argentina bajó con fuerza desde el salto de diciembre de 2023, pero quedó amesetada cerca del 30% interanual. El dato de julio fue 2,1% mensual y las consultoras proyectan que 2026 terminará todavía por encima de ese umbral, una señal de que la etapa más rápida de la desinflación ya quedó atrás.
Un relevamiento publicado por Infobae comparó la experiencia regional y mostró que reducir una inflación superior al 30% hasta un dígito sostenido demandó entre dos y diez años en distintos países latinoamericanos. Brasil y Ecuador fueron los casos más veloces, mientras Colombia, Chile, El Salvador y Honduras necesitaron procesos mucho más largos.
Los analistas advierten que, cuando se disipan los grandes shocks iniciales, ganan peso los componentes más persistentes: alquileres, salud, seguros, transporte, salarios y otros servicios. Esos precios dependen de contratos, costos laborales y expectativas, por lo que responden con mayor lentitud que los bienes a un ajuste fiscal o monetario.
La comparación no implica que Argentina deba copiar un programa ajeno, pero sí limita la promesa de una convergencia automática. Sostener el orden fiscal es una condición necesaria; para perforar el piso actual también harán falta crecimiento, estabilidad cambiaria, acuerdos de precios relativos y credibilidad que perdure más allá de un mandato.